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La lucha contra la extrema derecha en Australia: Lecciones de la historia de One Nation.

El partido de extrema derecha y antiinmigrante One Nation está ganando cada vez más protagonismo en la política australiana.

Se trata de un rápido cambio en la situación. En las elecciones federales de mayo de 2025, One Nation obtuvo apenas el 5,7 por ciento del voto de primera referencia para el Senado y no consiguió ni un solo escaño en la Cámara de Representantes. Ahora se está debatiendo que podría estar en posición de formar algún tipo de gobierno de coalición en las próximas elecciones estatales y en las siguientes elecciones federales.

La senadora de One Nation, Pauline Hanson, en 2018 [Foto AP/Rod McGuirk] [AP Photo/Rod McGuirk]

El ascenso de One Nation en las encuestas, iniciado a finales del año pasado, quedó confirmado en las elecciones de Australia del Sur celebradas en abril, donde obtuvo más del 20 por ciento de los votos de primera preferencia, superando ampliamente al Partido Liberal. Al mes siguiente, One Nation ganó una elección parcial para el escaño federal de Farrer en la región de Nueva Gales del Sur, un electorado que durante los 77 años de existencia había estado en manos de la Coalición. En junio, varias encuestas situaban a One Nation por encima del gobierno laborista. Las encuestas tienen limitaciones inherentes, pero nunca antes un tercer partido había superado tanto a la Coalición Liberal-Nacional como al Laborismo.

Eso apunta a una crisis histórica del sistema bipartidista. La Coalición atraviesa una crisis existencial, provocada fundamentalmente por el colapso del sector relativamente amplio de la clase media surgido en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, que constituía su base social. Por su parte, el voto laborista está en niveles históricamente bajos y, más significativamente, ha perdido cualquier apoyo activo y positivo en la clase trabajadora, tras décadas de hacer cumplir los dictados de las corporaciones y las grandes empresas.

One Nation ha logrado capitalizar el descontento popular con la crisis social y del costo de la vida, impuesta sobre todo por el Partido Laborista, así como la hostilidad masiva hacia los partidos tradicionales.

Al mismo tiempo, sectores de la élite gobernante han impulsado a One Nation, viéndolo como un medio para desviar a la oposición hacia una dirección reaccionaria y para desplazar la política oficial aún más hacia la derecha. La perspectiva de que One Nation pueda incorporarse a un gobierno o formar gobierno a nivel estatal o federal, algo que no hace mucho habría sido objeto de burla, es ahora motivo de un debate y una discusión permanentes en el seno de la clase dominante, mientras esta busca un mecanismo político para imponer su programa de guerra y austeridad.

Esto forma parte de un proceso internacional. En medio de un colapso del capitalismo global, las élites gobernantes y sus representantes políticos se están desplazando rápidamente hacia la derecha. Eso se ha expresado en una erupción de militarismo imperialista, ejemplificada por el asalto absolutamente criminal a Irán por parte de Estados Unidos, que ha ido acompañado de las amenazas abiertamente genocidas del presidente estadounidense Donald Trump sobre “aniquilar” toda una civilización. Esa ofensiva forma parte de una guerra global en desarrollo, centrada en los agresivos enfrentamientos liderados por Estados Unidos con Rusia y China.

A nivel interno, los gobiernos están imponiendo una agenda de austeridad a gran escala, para que los trabajadores paguen por los enormes gastos en militarismo y la crisis capitalista subyacente. Esta agenda no puede imponerse democráticamente y, por tanto, recurren a formas de gobierno autoritarias e incluso fascistas.

El ascenso de One Nation representa un peligro para la clase trabajadora. Pero combatirlo exige comprender el origen de su creciente protagonismo y qué fuerzas son políticamente responsables de él.

Lo que emerge, no solo del ascenso actual de One Nation, sino de su historia, es que la organización siempre se ha alimentado de los giros hacia la derecha del propio establishment político oficial. Por encima de todo, la responsabilidad recae en el Laborismo y en la burocracia sindical corporativista, que han creado la crisis social que explota One Nation, han legitimado la demagogia antiinmigrante y han hecho todo lo posible por suprimir la lucha de clases, impidiendo que la ira de masas encuentre una salida progresista.

La lucha contra la amenaza que representa One Nation es, por tanto, una lucha contra todo el establishment político, cuyo eje fundamental es la movilización independiente de la clase trabajadora, en oposición al Partido Laborista y a la burocracia sindical.

El ascenso de One Nation en los años noventa.

Existen paralelismos claros entre el auge de One Nation hoy y su aparición en la última década de los años noventa. La diferencia es que las tendencias que se expresaban entonces, incluyendo una creciente ruptura del sistema bipartidista y una crisis social, están mucho más avanzadas hoy en día.

Contrariamente a sus afirmaciones de ser una figura ajena al establishment político, la carrera de Hanson comenzó como candidata del Partido Liberal en las elecciones federales de 1996. Hanson ganó la preselección interna del Partido Liberal para disputar el escaño de Oxley, en Queensland.

Durante la campaña, la dirección federal del Partido Liberal le retiró su respaldo como candidata debido a las reiteradas declaraciones que había realizado contra los pueblos indígenas. No se trató de un rechazo de principios al racismo contra los aborígenes por parte de un Partido Liberal que recurre habitualmente a mensajes codificados contra los pueblos indígenas, sino que reflejó el temor de que la crudeza de las declaraciones de Hanson perjudicara los esfuerzos electorales del partido a escala nacional.

Hanson se presentó a pesar de la falta de respaldo. Su campaña incluyó acercamientos populistas a las dificultades de la gente común, que intentó desviar hacia la hostilidad hacia los pueblos indígenas, los beneficiarios de ayudas sociales y los inmigrantes asiáticos. El hecho de que Hanson hubiera sido desacreditada no solo provocó una cobertura mediática desproporcionada para su campaña, sino que le permitió presentarse falsamente como opositora de los grandes partidos y como alguien que había sido víctima por defender a los desfavorecidos.

Hanson obtuvo el escaño, con un giro electoral del 19 por ciento a su favor. Fue un resultado sorprendente, en un distrito que se consideraba el escaño laborista más seguro de Queensland. La sorpresa reflejó cambios fundamentales en los años anteriores que se habían manifestado en Oxley, un escaño obrero que abarcaba los suburbios suroeste de Brisbane. Durante su campaña, Hanson hizo repetidas referencias al aumento del desempleo, incluyendo el 25 por ciento de desempleo juvenil en Oxley, que atribuía falsamente a los inmigrantes.

En realidad, esa crisis social fue causada por los gobiernos laboristas federales de Bob Hawke y Paul Keating, en el poder de 1983 a 1996. Ellos llevaron a cabo la contraofensiva de la clase dominante que se asociaba en Estados Unidos y Reino Unido con los gobiernos abiertamente derechistas de Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

En colaboración con el Consejo Australiano de Sindicatos, Hawke y Keating desregularon la economía y aniquilaron sectores enteros de la industria, destruyendo cientos de miles de empleos. La ofensiva incluyó el desmantelamiento de organizaciones sindicales en los centros de trabajo, como los comités de fábrica, mediante las cuales los trabajadores habían defendido anteriormente sus intereses, así como el establecimiento de un draconiano régimen de relaciones laborales que prohibía prácticamente toda acción sindical y creó el marco para décadas de acuerdos traicioneros entre los sindicatos y los empresarios.

Bajo las condiciones de la globalización de la producción, el laborismo y los sindicatos prescindieron de su anterior programa de reformas altamente limitadas dentro del marco del capitalismo, y se convirtieron en los más feroces ejecutores de los dictados del capital financiero. Eso generó tanto las dificultades sociales que Hanson aprovechaba como la desorientación política que hizo que sectores de la población fueran vulnerables a su demagogia de derechas.

En su discurso inaugural ante el parlamento, Hanson continuó demonizando a los inmigrantes asiáticos, los pueblos indígenas y los beneficiarios de ayudas sociales, mientras difundía la utopía reaccionaria de un retorno a una economía regulada a nivel nacional, que afirmaba que aumentaría el empleo y aliviaría las dificultades sociales.

De manera significativa, Hanson afirmaba estar asumiendo el legado antiinmigrante de un establishment político que había fundado Australia sobre la base de una política racista de ‘Australia Blanca’. Citó favorablemente declaraciones racistas de Arthur Calwell, líder del Partido Laborista entre 1960 y 1967, quien había declarado que los pueblos de Asia y África eran “ferozmente anti blancos y hostiles unos hacia otros. ¿Queremos o necesitamos aquí a alguna de estas personas?”.

El discurso de Hanson tuvo una amplia cobertura mediática, a pesar de que era la única independiente en el parlamento. Fue efectivamente adoptada como un vehículo para legitimar y acelerar un giro hacia la derecha por todo el establishment político.

En los años siguientes, el programa de Hanson sería implementado en gran medida por el gobierno de coalición del primer ministro John Howard, incluyendo un ataque creciente contra refugiados e inmigrantes llevado a cabo por Hawke y Keating, así como una demonización de los beneficiarios de ayudas sociales y de los pueblos indígenas como punta de lanza de un ataque más amplio contra toda la clase trabajadora. Esto no era solo una cuestión de la Coalición, sino del Laborismo, que apoyaba la participación de Australia en las guerras ilegales lideradas por Estados Unidos en Irak y Afganistán y se posicionaba como el partido que era más capaz de hacer cumplir las demandas de las grandes empresas mejor que el gobierno de Howard.

One Nation fue fundado en 1997 por Hanson, junto con David Oldfield, un alto asesor de la oficina del destacado diputado liberal Tony Abbott, y David Ettridge, un empresario y donante del Partido Liberal. La participación central de Oldfield y Ettridge apuntaba a una fractura dentro del Partido Liberal, en la que sectores de la derecha más dura evolucionaban hacia posiciones de extrema derecha, incluso de carácter fascista.

Las elecciones de Queensland de 1998 y el giro de la élite gobernante contra One Nation

En las elecciones estatales de Queensland de 1998, las tendencias que se habían revelado en la victoria de Hanson en Oxley encontraron una expresión mucho más amplia. One Nation obtuvo el 23 por ciento de los votos en las primarias, un resultado sin precedentes para un ‘tercer partido’.

Eso provocó temores dentro del establishment político y mediático de que un resultado similar pudiera producirse a nivel nacional, desestabilizando profundamente el sistema bipartidista e incluso amenazando su propia existencia. Hanson ya había desempeñado su papel en el desplazamiento de la política oficial hacia la derecha.

El ex primer ministro australiano Tony Abbott. [Foto AP/Rod McGuirk] [AP Photo/Rod McGuirk]

La respuesta fue un brusco viraje de los sectores dominantes del establishment contra One Nation. Abbott desempeñó un papel central en una campaña que incluyó la movilización de miembros descontentos de One Nation, una serie de demandas judiciales y una intensa operación policial.

En agosto de 2003, Hanson y Ettridge fueron declarados culpables de fraude electoral y ambos fueron enviados a prisión. Se trató de un montaje judicial, basado en la aplicación de leyes electorales antidemocráticas. El carácter endeble de la acusación quedó de manifiesto con la rápida absolución de Hanson.

Organizaciones pseudoizquierdistas, como la ya desaparecida Organización Socialista Internacional, celebraron la acusación y el encarcelamiento de Hanson, presentándolos como un castigo por sus ataques a inmigrantes.

El WSWS y el Partido Socialista por la Igualdad adoptaron una posición diametralmente opuesta. Sin minimizar en absoluto nuestra hostilidad hacia One Nation, como partido capitalista reaccionario y xenófobo, advertimos que la fiscalía sentaba un precedente extremadamente peligroso. Fortaleció el control del aparato estatal sobre la vida política, creando las condiciones para que cualquier organización política considerada una amenaza por los poderes establecidos pudiera ser víctima de un montaje judicial al amparo de leyes electorales restrictivas y antidemocráticas.

El apoyo de la pseudoizquierda a este precedente reaccionario fue parte de su respuesta general al surgimiento de One Nation. Canalizó la amplia hostilidad hacia la retórica antiinmigrante de Hanson detrás de ruidosas acciones de protesta. Todas estas iniciativas se basaban en presentar al Partido Laborista, favorable a las grandes empresas y antiinmigrante, como un mal menor, y a los sindicatos como un contrapeso a la extrema derecha, en oposición a la lucha pornmovilizar de forma independiente a la clase trabajadora.

El resurgimiento de One Nation y el crecimiento de la extrema derecha a nivel internacional

Tras haber sido prácticamente expulsada de la vida política, Hanson regresó con una fallida campaña para el Senado en 2013. En 2015, emprendió una gira bajo el lema “Fed Up” (“Hartos”), que culminó con su elección al Senado en 2016.

La demagogia de Hanson se centró especialmente en el racismo contra los musulmanes. Como antes, intentó explotar la hostilidad generalizada hacia los principales partidos. Sin embargo, en su incesante islamofobia, Hanson intentaba capitalizar el ambiente político creado por el Laborismo y la propia Coalición durante la falsa “guerra contra el terror”.

El resurgimiento de Hanson también coincidió con una promoción intensificada del militarismo por parte de los principales partidos, tras la decisión del gobierno laborista de Gillard, respaldado por los Verdes, de alinear Australia con un gran despliegue militar estadounidense en todo el Indo-Pacífico, con el objetivo de prepararse para la guerra contra China. Eso incluyó una gran “celebración” del centenario de la Primera Guerra Mundial, preparada por Gillard y supervisada por el gobierno de coalición de Abbott.

Manifestación de Reclaim Australia en Martin Place, Sídney, abril de 2015 [Foto de Anthony Brewster / CC BY-SA 2.0 ] [Photo by Anthony Brewster / undefined]

Las dos tendencias, la xenofobia oficial antiinmigrante centrada en los musulmanes y el militarismo nacionalista, se consolidaron en Reclaim Australia, un pequeño movimiento de extrema derecha que recibió una cobertura considerable. Hanson intervino en sus mítines junto a figuras de carácter fascista, entre ellas algunas que posteriormente fundarían la Red Nacional Socialista (National Socialist Network), una organización abiertamente neonazi.

La promoción oficial de Reclaim Australia fue una expresión de una normalización más amplia de las fuerzas de extrema derecha por parte de las élites gobernantes a nivel internacional. Eso se manifestó de forma más clara en la llegada al poder de Donald Trump en 2016 y sus intentos continuos de establecer una dictadura fascista en Estados Unidos, pero también se ha visto en la aparición de Alternativa para Alemania, el Partido Reformista en el Reino Unido y otros. Hanson ha posicionado a One Nation como parte de esta extrema derecha global, incluso adulando a Trump.

La pandemia de COVID-19, que supuso una gran convulsión global, marcó un punto de inflexión. En Australia, los gobiernos estatales y federales se vieron inicialmente obligados por las demandas de la clase trabajadora y el precario estado del sistema sanitario a adoptar medidas de seguridad limitadas. One Nation se opuso a las medidas de seguridad y fue protagonista en un movimiento contra los confinamientos y antivacunas que involucraba a otras tendencias de extrema derecha.

Ese movimiento recibió una enorme cobertura y una relevancia desproporcionada con respecto a su reducido número de miembros, y fue utilizado para legitimar el desmantelamiento de cualquier medida destinada a frenar la propagación del virus. El Partido Laborista, en colaboración con el entonces gobierno de la Coalición, desempeñó un papel central en la “reapertura” de la economía impulsada por el afán de lucro en diciembre de 2021. Desde entonces, ha estado al frente del período en el que se ha producido la abrumadora mayoría de las muertes por COVID, más de 20.000. Una vez más, el programa de One Nation fue llevado a la práctica por el establishment político.

El actual auge de One Nation y la lucha contra la extrema derecha

Sin embargo, el actual auge de One Nation siguió a las elecciones de mayo de 2025. Estuvo dominada por un repudio masivo de la Coalición, que fue correctamente identificada en la conciencia popular con Trump y su programa de corte fascista. El Laborismo fue reelegido, pero su voto, especialmente en los distritos de la clase trabajadora, se situó en mínimos históricos.

Donald Trump pronuncia un discurso en un mitin de campaña en el Aeropuerto Internacional Sunport de Albuquerque, el jueves 31 de octubre de 2024, en Albuquerque, Nuevo México. [Foto AP/Julia Demaree Nikhinson] [AP Photo/Julia Demaree Nikhinson]

Desde entonces, la Coalición ha estado en una crisis en espiral, con divisiones faccionales abiertas, escisiones incipientes y cambios de liderazgo. Las afirmaciones de que la reelección del Partido Laborista reflejaba un amplio apoyo popular han quedado refutadas. El Laborismo, encargado de implementar un programa de guerra, austeridad y ataques crecientes a los derechos democráticos, es ampliamente despreciado. Esta es una crisis del dominio burgués profunda e intratable.

Las encuestas de One Nation han aumentado especialmente tras el atentado terrorista del 14 de diciembre en Bondi Beach. Esa atrocidad fue aprovechada por la élite gobernante, encabezada por el Partido Laborista, para intensificar las medidas autoritarias dirigidas, en primer lugar, contra la oposición al genocidio de Gaza y, más ampliamente, contra la oposición social y política. Eso incluyó la aprobación por parte del Laborismo de leyes contra los discursos de odio que pueden criminalizar las condenas al sionismo y al imperialismo, y una medida gemela que puede ilegalizar a los partidos políticos por los mismos motivos. One Nation se ha posicionado como el ala más agresiva de esta campaña de la clase dominante.

Al mismo tiempo, ha tratado de capitalizar de manera demagógica el descontento social, aunque One Nation no ha presentado una sola política que alivie las penurias de la población y, de hecho, su programa favorable a las grandes empresas las agravaría. Una crisis del costo de la vida que se prolonga desde hace años, durante la cual el Partido Laborista ha supervisado el mayor retroceso de las condiciones de vida de la clase trabajadora, se ha visto agravada drásticamente por la guerra ilegal de Estados Unidos contra Irán. El Partido Laborista ha sido uno de los partidarios más entusiastas de la guerra y ha impuesto sus costes sociales a los trabajadores, además de implementar medidas de austeridad de gran alcance en el presupuesto de mayo, especialmente dirigidas a las personas con discapacidad.

Aunque capitaliza el descontento social que surge desde abajo, One Nation está siendo promovido por sectores de la élite corporativa, que buscan un vehículo político para acelerar la agenda de guerra y austeridad en medio de la crisis de los viejos partidos. El apoyo más destacado de One Nation es la magnate minera Gina Rinehart, la persona más rica del país, y algunos sectores de la propia Coalición se están volviendo hacia One Nation, expresado de forma más contundente en la deserción el año pasado del exlíder de los Nationals, Barnaby Joyce.

Pese a su falso populismo, el programa de One Nation pasa por intensificar el ataque contra la clase trabajadora. Hanson ha calificado a los trabajadores de “vagos”, ha denunciado incluso los aumentos salariales inferiores a la inflación y se ha quejado de que es demasiado difícil para los empresarios despedir a los trabajadores. One Nation, al igual que el Partido Laborista y la Coalición, apoya las guerras encabezadas por Estados Unidos. Ha reclamado un ataque aún mayor contra los derechos democráticos, desde una reducción drástica de la inmigración hasta la restricción del derecho al aborto.

Existe una hostilidad generalizada hacia One Nation, que la pseudoizquierda, como hizo a finales de los 90, busca desviar hacia el Laborismo y la burocracia sindical.

La valoración de la pseudoizquierda sobre el ascenso de One Nation fue resumida por el líder de Socialist Alternative, Mick Armstrong, en la conferencia de mayo de esa organización. En un informe que aparentemente era un análisis del voto de One Nation en las elecciones del mes anterior en Australia del Sur, Armstrong esencialmente culpó a la clase trabajadora y promovió al Laborismo y a los sindicatos.

Armstrong mencionó que One Nation había recibido más del 20 por ciento de los votos en los suburbios del norte de Adelaida, incluida Elizabeth. Denunció a esos votantes como “tradies” (trabajadores de oficios cualificados), afirmando que estos no formaban parte de la clase trabajadora. Armstrong continuó afirmando que los 'oficios', junto con estudiantes y pensionistas, eran 'lumpen', es decir, elementos declasados y semicriminales. Eso fue una declaración de la intensa hostilidad de la pseudoizquierda hacia la clase trabajadora.

En realidad, la votación en Elizabeth señaló el peligro de que One Nation explotara el descontento de la clase trabajadora. Elizabeth fue en su día el epicentro de la producción de automóviles en Australia del Sur. A lo largo de décadas, la industria fue desmantelada, y los gobiernos laboristas y la burocracia sindical impusieron finalmente su cierre, lo que provocó un fuerte aumento del desempleo y la pobreza.

Armstrong ni siquiera mencionó este historial, ya que afirmó falsamente que el Laborismo mantenía altos niveles de apoyo en la clase trabajadora y promovía a los sindicatos como un posible baluarte contra One Nation. Su encubrimiento político expresaba el papel de la pseudoizquierda, como un movimiento de sectores privilegiados de la clase media alta, atado por mil hilos al Laborismo, los sindicatos y el sistema político existente.

En oposición a la pseudoizquierda, el Partido Socialista por la Igualdad insiste en que la lucha contra One Nation requiere, por encima de todo, la independencia política de la clase trabajadora y una alternativa genuina: un programa socialista consciente.

En medio de la creciente hostilidad ante la ofensiva contra los salarios, las condiciones de vida y el gasto social, el SEP lucha por la creación de comités de base, independientes y opuestos a la burocracia sindical. Esos comités constituyen la única base para movilizar el poder de la clase trabajadora en los centros de trabajo, unificar sus luchas y derrotar las maniobras de represión y traición de la burocracia sindical.

Por encima de todo, debe construirse un nuevo movimiento socialista de masas en oposición directa al Laborismo, los Verdes y un establishment político que se precipita hacia la barbarie. Un movimiento de ese tipo, que dé una expresión positiva a las necesidades y aspiraciones sociales de los trabajadores, privaría a los populistas de derecha de la base de la que se alimentan, desenmascarando su falsa demagogia y canalizando la ira social en una dirección progresista, orientada a la reorganización socialista de la sociedad para satisfacer las necesidades humanas, y no el lucro privado.

Esto forma parte de una lucha internacional que debe basarse en la unidad global de la clase trabajadora, incluyendo una oposición implacable a la demonización de los trabajadores inmigrantes y la insistencia en que se permita a los trabajadores vivir y trabajar donde deseen con plenos derechos de ciudadanía.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 17 de julio de 2026)

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