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Perspectiva

Trump prepara fuerzas para un “ataque masivo” contra Irán

Un avión B-1B Lancer de la Fuerza Aérea se aleja de su posición tras recibir combustible de un avión cisterna KC-135R Stratotanker durante una misión sobre Afganistán.

La administración Trump está concentrando fuerzas militares estadounidenses en Oriente Próximo y en Europa para una vasta expansión de la guerra del imperialismo estadounidense contra Irán.

Según un artículo publicado el miércoles en el Wall Street Journal, “en la última semana, se han desplegado fuerzas de operaciones especiales hacia la región desde sus bases en Estados Unidos, según datos de rastreo de vuelos y funcionarios estadounidenses. Escuadrones de aviones caza han sido posicionados por todo Oriente Próximo, y los bombarderos en bases de Estados Unidos y el Reino Unido se encuentran en máxima alerta para intensificar las operaciones, según uno de los funcionarios”.

Según el artículo, más de 150 médicos militares han llegado en los últimos días al Centro Médico Regional de Landstuhl, en Alemania, el mayor hospital militar estadounidense en el exterior y la primera escala para las tropas heridas en Oriente Próximo. Esto constituye un indicio claro de que la administración Trump se está preparando para un aumento considerable de las bajas estadounidenses.

Bombarderos de largo alcance, incluidos los B-1 desplegados en Reino Unido, se están preparando para “operaciones de combate de gran envergadura”, escribió el Journal. Un B-1 realizó el jueves su primera misión de ataque de la nueva campaña de bombardeos, según informó Axios.

“Estoy considerando un ataque masivo. Más grande que nunca”, declaró el presidente estadounidense Donald Trump a Axios. “Estoy cerca de tomar una decisión. Estamos totalmente preparados para ello”.

El propósito de este despliegue, escribió el Journal, es dotar a Trump de “opciones militares más contundentes mientras considera ampliar el conflicto contra Irán”. Alguna forma de invasión terrestre se encuentra claramente entre las opciones que se están considerando.

El 15 de julio, el Journal reveló que una reunión de la Sala de Situaciones de la Casa Blanca discutió la toma de “la isla de Kharg y otros territorios a lo largo del estrecho de Ormuz mediante el uso de tropas estadounidenses”. Existen otros posibles objetivos, entre ellos instalaciones nucleares en la montaña Pickaxe y la toma de otras islas en el estrecho de Ormuz.

Keith Kellogg, el teniente general retirado que se desempeñó como enviado de Trump para Ucrania hasta el año pasado, llamó el lunes en Fox News a una invasión terrestre: “Van a necesitar tropas terrestres para hacer algo”.

Un esfuerzo estadounidense por reabrir el estrecho por la fuerza sería una empresa de enormes proporciones. Mark Montgomery, contraalmirante retirado de la Marina de EE.UU., declaró al Financial Times, en un artículo publicado el jueves, que degradar la capacidad de Irán para lanzar drones y misiles podría requerir semanas con hasta 150 a 200 ataques estadounidenses por noche. El FT también citó a un asesor marítimo: “A Irán le basta con alcanzar un solo petrolero para disuadir a todos”.

Trump también está regresando a sus amenazas de violencia genocida. El miércoles publicó en Truth Social que cualquier ataque iraní contra la navegación en el estrecho de Ormuz será respondido con la destrucción de “UN PUENTE O UNA PLANTA DE ENERGÍA, incluidos aquellos ubicados junto a, o dentro de, la ciudad capital de Teherán”. Se trata de una declaración pública de la intención de cometer crímenes de guerra conforme a los Convenios de Ginebra, los cuales establecen que “los bienes de carácter civil no serán objeto de ataques ni de represalias”.

El jueves, el secretario de Estado Marco Rubio proclamó una política de represalia desproporcionada ante cualquier resistencia de Irán: “una cabeza por un ojo”. La represalia en una proporción fija fue una de las prácticas más siniestras de la dictadura hitleriana.

La administración Trump se ve impulsada a la escalada por la propia lógica de la guerra, que ya se encuentra en su quinto mes. El imperialismo estadounidense no ha logrado alcanzar ninguno de sus objetivos declarados, entre ellos el derrocamiento del gobierno iraní y la toma del estrecho de Ormuz, por el cual transita un porcentaje considerable del petróleo y el gas natural del mundo.

Cada fracaso de la administración Trump ha desembocado en una escalada aún mayor y más temeraria. En enero, la administración alentó e intentó armar protestas dentro de Irán, con la esperanza de que estas derrocaran al gobierno. El fracaso de esa operación llevó a Trump a buscar un cambio de régimen asesinando a los dirigentes iraníes el 28 de febrero. Estos asesinatos tampoco lograron quebrar la resistencia de la población iraní, y la administración escaló hacia una campaña de bombardeos de meses de duración que ha matado a más de 3.600 personas, así como hacia el bloqueo actualmente en curso.

Ahora la administración ve en una escalada masiva y desesperada la única manera de rescatar el prestigio del imperialismo estadounidense. En marzo de 1965, mientras la administración Johnson preparaba su escalada en Vietnam, el subsecretario de Defensa John McNaughton escribió, en un memorando publicado más tarde en los Papeles del Pentágono, que el 70 por ciento del propósito estadounidense era “evitar una derrota humillante para Estados Unidos (para nuestra reputación como garante)”. Ese mismo mes, los primeros 3.500 marines desembarcaron en Da Nang; para fines de 1968, había 536.000 soldados estadounidenses en Vietnam.

Una lógica similar rige en la guerra contra Irán, en condiciones aún más peligrosas. Washington calcula que una retirada tras casi cinco meses de pérdidas destrozaría la posición mundial del imperialismo estadounidense ante los ojos de sus rivales, sobre todo China, y representaría un golpe devastador para la dominación estadounidense.

El imperialismo estadounidense, tambaleándose bajo deudas colosales, enfrenta además una crisis cada vez más profunda del dominio del dólar en el sistema financiero mundial. La deuda federal en manos del público ha superado el 100 por ciento del producto interno bruto, la participación del dólar en los activos de reserva mundiales ha caído a sus niveles más bajos en tres décadas, y una encuesta de bancos centrales publicada a fines de junio encontró, por primera vez, que son más los que planean reducir sus tenencias de dólares en la próxima década que los que planean aumentarlas.

La guerra cuenta con el respaldo de todo el establishment político. El miércoles, la Cámara de Representantes aprobó, por 216 votos contra 212, un proyecto de ley de autorización militar de 1,15 billones de dólares, con seis demócratas aportando el margen necesario. Una vez que los demócratas se aseguraron los votos suficientes para aprobar el proyecto, se permitió que el resto votara en contra. En enero, 149 demócratas de la cámara baja aprobaron el proyecto de ley de asignaciones militares de 839.000 millones de dólares que financió el ataque contra Irán lanzado cinco semanas después.

Las críticas de los demócratas se han centrado en el fracaso de Trump en asegurar la victoria, expresado de la manera más directa el martes, en una audiencia del Senado, por el senador demócrata de Michigan Gary Peters. Peters calificó al secretario de Defensa Pete Hegseth de “fracaso” y exigió: “Usted no tiene una estrategia. No tiene un plan a largo plazo para ganar realmente esta guerra. ¡Gane la guerra!”.

Los demócratas también hablan en nombre de sectores de la clase dominante preocupados porque la conducción de la guerra contra Irán ha debilitado el enfoque estadounidense en la guerra contra Rusia, que a su juicio constituye el teatro más importante de la guerra global de Estados Unidos.

Más allá de los conflictos en torno a la estrategia geopolítica, la principal preocupación del Partido Demócrata es impedir el surgimiento de una oposición popular desde abajo. La escalada de la guerra se está llevando a cabo sin ninguna explicación ni advertencia, por parte de ningún sector del establishment político, hacia el pueblo estadounidense, que se ha opuesto a la guerra en todas las encuestas importantes desde su inicio. Ningún sector de la clase dominante informa a la población sobre la masiva escalada de la guerra que se está preparando.

La escalada actualmente en curso tendrá consecuencias catastróficas para la población de Irán, la región y el mundo entero. El imperialismo se encuentra en las etapas iniciales de una guerra mundial cuyo alcance se expande continuamente. Con cada nueva etapa, crece el peligro de una guerra nuclear.

La guerra ha creado el marco para un asalto masivo contra la posición social de la clase obrera. Todo debe subordinarse a los gastos militares sin precedentes. Trump ha declarado la intención de la oligarquía de atacar el Seguro Social, Medicare y Medicaid. La ayuda alimentaria ya ha sido cortada para 1,5 millones de niños, según el Center on Budget and Policy Priorities.

La reanudación de los bombardeos está teniendo un efecto devastador en los hogares estadounidenses. El precio de la gasolina superó esta semana los 4 dólares por galón, frente a los 3,14 dólares de hace un mes, y la guerra le ha costado al hogar promedio unos 450 dólares adicionales en facturas de luz, según estimaciones de CNBC, una cifra que anula con creces la devolución de impuestos que Trump había prometido. Por primera vez en tres años, la inflación está borrando todas las ganancias salariales.

La guerra alimenta necesariamente la lucha de clases en Estados Unidos y en todo el mundo. Ya en la primera mitad de 2026, este movimiento ha comenzado a emerger de manera explosiva. La clase obrera internacional, armada con un programa socialista, es la fuerza social sobre la cual debe basarse la lucha contra la guerra imperialista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 24 de julio de 2026).

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